Izaskun Chinchilla

Arquitecta

12 Junizas

“Empiezo muy temprano en el estudio, desde las 5 de la mañana dibujando”

Izaskun Chinchilla nos cuenta detalles de su día a día. La dedicación en el estudio, sus sueños de futuro y el amor por su familia.

Cuando encuentras carreras tan labradas y exitosas como la de Izaskun, uno se pregunta cuándo tuvo lugar aquel primer encargo que catapultó todo lo demás. Para la arquitecta, su gran aventura profesional se inició con el proyecto de fin de carrera. “Cuando estaba con el trabajo –año y medio de dedicación- apareció un concurso para la Feria del Libro. Se trataba de  hacer un pequeño pabellón para la UNED. Lo gané, y gracias a él conseguí mi primer encargo. Tuve muchísima suerte, todo se fue encadenando solo, y encontré trabajos que en los primero momentos del estudio fueron muy compatibles con la estabilidad propia del arranque,  de una persona que acaba de empezar y no tiene contactos familiares en el sector”.

Si la creación en su estudio es una ‘pata’ esencial de su actividad, Izaskun no considera menos su otro gran amor profesional, la docencia. “La parte docente es fundamental; es maravilloso compartir todo eso con veinte, treinta o doscientas, porque todo proyecto que se plantea crece y se diversifica”. Y ¿cómo es una jornada normal, un día cualquiera de Izaskun Chinchilla? “Empiezo muy temprano en el estudio, desde las 5 de la mañana, dibujando: me paso el día dibujando, dibujos rápidos. Luego le hago un desayuno sorprendente a mi hijo -que no acepta nada que no sea sorprendente- y le llevo al ‘cole’. En el estudio muchos días trabajamos online, ya que hay dos colaboradores permanentes en Inglaterra y dos en España. No hago estudios de mercado ni me interesan. Hablamos unas tres horas con el cliente para ver realmente qué quiere, y contamos con mucha ayuda de sociólogos”. Izaskun destaca la comunicación, como el pilar irremplazable del buen trabajo en su estudio “En el estudio no hay horarios, pero todo funciona porque todos tienen claro lo que tienen que hacer y compartimos todo lo que hacemos cada día, algo fundamental para organizarnos y para mantener el ‘ego’ bajo control. De este modo la tarea de organización no recae sobre mí, sino sobre la metodología del grupo. Hace mucho que no tengo un fin de semana sin hacer nada, pero aun así este sistema me permite vivir de manera flexible y poder atender mi maternidad”.

Porque, junto a su profesión, lo más importante en la vida de Izaskun son su maternidad y su pareja. Y los amigos, claro. “Tengo muchísimos amigos, de todo tipo, y gracias a ellos soy quien soy. Me rodeo de ellos para los proyectos importantes, aunque reconozco que apenas veo a los que son ajenos a mi ámbito laboral”. A su marido lo conoció en un bar, y aunque afirma que es un “ingeniero estructural maravilloso” la arquitecta nos confiesa que no trabajan juntos. “Nos pelearíamos sin parar. Y eso que es muy difícil que me estrese, soy muy alegre y activa, no suelo caer en el mal humor. Le pido opiniones de vez en cuando e intento que me ayude, pero tiene mucho que compatibilizar. Todo lo que dice él me parecen cosas reales, mientras que lo que digo yo me da la sensación de que fuera aire”. A Izaskun se le ilumina el rostro cuando le toca hablar de su gran amor. “Lope, mi hijo, cumplió 5 años en diciembre, y la experiencia diaria más feliz es estar con él; es cuando sonrío con plenitud. Es un ser luminoso, que jamás tiene rabietas. Dice que quiere ser fabricante de robots –y será lo que quiera ser-; ya hace robots con cosas de casa, como desodorantes o tapones. ¿Arquitecto? Ni siquiera estoy segura de que vaya a existir la carrera en el futuro…”.

El reconocimiento creciente a su labor ha llevado a Izaskun a hacer interesantes planes de futuro. “Me gustaría estabilizar un poco las condiciones de trabajo para un grupo más grande. Ahora solo tengo dos o tres fijos, más contrataciones ‘ad hoc’. También me gustaría ser un referente femenino para todos. Aspiro a dirigir, por ejemplo, una universidad”. Y si tocamos el mundo de la moda, ¿cómo sería un bolso diseñado por Izaskun Chinchilla? “Si hiciese un bolso tendría un punto artesanal, porque eso permite que puedas hacerlo tuyo, y da pie a que la gente lo modifique y te dé nuevas ideas para innovarlo. Me encantaría que tuviese un aspecto ecológico , también tendría colores vitalistas e investigaría aspectos funcionales. Me gustaría que tuviese un punto inacabado para que se le pueda personalizar, como la gente que le pone un pañuelo”.

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Y empezó la revolución

Izaskun y sus compañeros representaron un cambio radical y necesario del modelo preestablecido en la arquitectura del momento.

“Estudié arquitectura en la escuela pública y disfrute un montón, y no solo me refiero a las fantásticas relaciones con los compañeros. Recuerdo esos trabajos que teníamos que hacer a mano, trabajos que exigía una dedicación de 48 horas, que hacíamos escuchando la cadena de Arquitectura en la radio…También tuve maravillosas experiencias con profesores; allí conocí el que ha sido uno de mis grandes amigos, mentores, casi un segundo padre para mí, Andrés Perea. Pero también ahí pensaba de forma radicalmente diferente a mis profesores. Queríamos, mis compañeros y yo, hacerlo todo diferente. Como con mi madre, al principio pensaban que se nos pasaría, pero empezamos a revolucionarlo todo”.

Y no es, precisamente, que la Arquitectura le hiciera ascos a la revolución. “En aquella época nos enseñaban que la buena arquitectura debía diferenciarse, y que la base de esa diferencia era que el concepto y la idea del diseño tenían que ser únicos y que se ha de expresar la idea con contundencia; ya en tercero de carrera hablaba de ecología con mis profesores, cuando nadie sabía nada del tema”. Pero la verdadera lucha vino cuando, ya convertida en una joven e inconformista arquitecta, empezó a defender su visión. “Defendía la legitimidad de la ‘criatura’, y sufrí ataques de una enorme agresividad al incorporarme al ejercicio profesional, especialmente por parte de mis propios compañeros. Yo creo que se sentían amenazados por el cambio de modelo de la arquitectura del momento. Los jóvenes representábamos una ruptura, muchos dramas profesionales entre gente con una concepción totalmente desfasada de la arquitectura. Éramos una clara amenaza porque empezamos a trabajar muy pronto diciendo verdades, trabajando con presupuestos muy pequeños y, gracias al ordenador, con mayor autonomía”.

Una de las claves de esta diferencia era presupuestaria, de costes. “Antes un arquitecto no podía empezar a trabajar si el cliente no tenía el dinero suficiente, pero ahora nosotros conseguíamos hacerle una oferta por mucho menos. En nuestro esquema, lo imprescindible es la voluntad de hacerlo. Si eso existe, pues ya lo montaremos, tirando mucho de reutilización”. El segundo punto diferenciador para Izaskun es la expresión, donde intentan sus compañeros y ella, captar la agenda estética del cliente. “El cliente, para nosotros, no es solo consumidor, sino también productor. Esa visión nos ha llevado a introducir elementos estéticos que les hagan sentir más cómodos y que estaban prohibidos académicamente. Es la ‘estética expandida’ al modo de Leroy Gorham, que se aleja mucho del purismo”.

Ya solo eso enfrentaba radicalmente a la joven arquitecta con una profesión que, en la carrera “te enseña a amar la industrialización”. Izaskun, por el contrario, opina que hay que ser muy crítica con este fenómeno que ha creado “muchísimas necesidades absurdas” y que ha llevado hacer por ejemplo, ciudades pensadas para el coche y no al revés.“No es que defienda una vuelta romántica al pasado, aunque en algunos aspectos de mi vida sí lo hago, pero creo que hay que revisar este fenómeno, esta industrialización. Es la negación de un modelo, del de esa mujer que se hacía sus propios vestidos. Es una vuelta a la estética, al replanteamiento estético de que se deja, o más bien se devuelve la parte final de la cadena de producción al propio consumidor. Me recuerda a cuando mis profesores ponían el ejemplo de un ama de casa que se hace construir una barandilla “porque no sabe nada”. Pues no, claro que sabe; el ama de casa sabe lo que quiere y lo que le gusta”.

En este sentido, Izaskun recuerda un encargo, un patio de juegos para adolescentes. “Hicimos estudios con ellos. Por supuesto, la arquitectura les es indiferente, ni siquiera te saben decir de qué color es la teja de una catedral que han visto miles de veces, pero si recuerdan las vivencias a su alrededor”.

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“El tacón te lo pones si quieres”

El ambiente de contraste ideológico que Izaskun vivió en su juventud, le hizo crecer aceptando y mimando las diferencias.

La “incertidumbre positiva”, es a lo que Izaskun se refiere cuando habla del eje de su vida como arquitecta, pero también la actitud que ayudó a su madre a criar y a vivir con tres hijos radicalmente diferentes en casa, aceptándolos como son, y creando poco a poco una relación basada en reivindicar la diferencia, pero siempre explicándola y tratándola con afecto.

“Tengo un hermano pequeño, nueve años menor que yo -una diferencia importante-, con el que jugué muchísimo de pequeña. Trabaja en radio y es una persona muy inteligente, es una delicia hablar con él de política, aunque pensemos de forma completamente diferente. De entrada, no lo vive como muchos españoles, que tienen su partido político como tienen su equipo favorito, que todo lo que hace está bien y todo lo que hace el otro está mal”.

“Mi hermana es psiquiatra, heredó la vocación de medicina de la familia de mi padre, es mayor que yo y mucho más ordenada, sistemática, en algunos aspectos bastante clásica. En definitiva, somos muy diferentes entre nosotros, pero hemos vivido en un esquema de educación que ha sabido evolucionar para aceptarnos; somos una familia cercana, y creo que ese es en parte el secreto del ejercicio profesional: si no fuera porque tengo una familia cerca dándome apoyo no podría hacer todas esas cosas que hago”.

Aunque las ideas chocaban, en el hogar de Izaskun se respiraba un ambiente de debate sano y abierto que reconoce celebrar haber vivido. Por ejemplo, uno de los primeros temas en los que las ideas claras de Izaskun contrastaban con las de su familia, era la condición de la mujer. “El feminismo no ha cambiado nada. Aún se pueden contar con los dedos de una mano las mujeres que ocupan altos cargos. El sexismo nos rodea desde que nacemos, y es imposible hacer todo la que la sociedad nos pide. Tenemos que cambiar la organización social nosotras, desde abajo, y ocurrirá. No me interesa pensar como un chico, quiero trabajar siendo y pensando como una chica y, más importante todavía, como yo misma. Las mujeres tenemos la tarea de conquistar la libertad, el tacón te lo pones si quieres”.

Pero la rebeldía vivida con naturalidad, afecto y aceptación en familia no fue igual fuera de casa. “No lo pasé mal en el colegio de monjas al que fui, pero era muy consciente de pensar diferente. Allí vi el contraste de lo que se espera de una mujer – la paciencia, el cuidado, valores estereotipados muy positivos, pero que no preparan para todas las posiciones de la sociedad- y de lo que se inculca a los chicos: la valentía, el arrojo, el carácter emprendedor… No podía estar a gusto con eso, desde el primer momento, y aunque nunca fui especialmente problemática (siempre he sido muy estudiosa, muy centrada), sí me mostré beligerante en el sentido de expresar opiniones diferentes, y en cuanto tuve la oportunidad me cambié y fui un colegio muy clásico, donde se confirmó esa diferencia de opinión”.

“Fui al Pilar, y lo disfruté mucho. Yo creía en Dios, por la educación recibida, y era interesante contrastar con toda esa gente que había pasado por la fase del agnosticismo y había vuelto, y estaban tan bien preparados, hablándolo todo de modo tan abierto”.

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Original, contestataria y arquitecta

“De pequeña jugaba mucho con muñecas, pero la mejor parte era la escenificación, a la que podía dedicar horas”

En cuanto a contestataria, también le viene de siempre, con un espíritu que le ha llevado a cuestionar el “esto se ha hecho siempre así”, aunque sin necesidad de perder las formas ni enfadarse con nadie. “Creo que es un ejercicio saludable precisamente empezar a ejercer ese rupturismo con personas a las que quieres. Es positivo, porque te impide caer en la simplificación de los que no piensan como tú. Yo quiero un montón a mis padres, aunque piensan de forma radicalmente diferente a mí. Esas primeras rupturas –generacionales, pero también ideológicas- es bueno vivirlas con gente a la que quieres; te enseña a mimar la controversia, las diferencias de opinión, y también a tratar a la gente que piensa distinto con respeto y afecto”.

Porque nadie que conozca a Izaskun por su obra, o incluso en persona, puede imaginar el entorno en que se crió, tan alejado de su arte rompedor. “La gente se sorprende cuando ve lo que defiendo en ámbitos sociales, políticos o de diseño –recuerda la arquitecta-, pero tuve una educación más o menos tradicional: colegios de monjas y curas; esas cosas, una infancia normal y muy feliz, maravillosa, en una familia relativamente convencional, muy madrileña, muy española y católica”.

Fue ese entorno ‘convencional’, esa atmósfera familiar tradicional la que primero sirvió a Izaskun de ‘campo de pruebas’ de su innato enfrentamiento –pacífico, respetuoso- con lo establecido. “Recuerdo una parte de mi vida en la que mi madre pronosticaba que estaba pasando por un periodo de rebeldía,  pero que se me pasaría y cambiaría. Ahora no te interesan los juegos de té, me decía, pero ya te interesarán, y lo mismo con cosas más importantes como el matrimonio. Luego ha ido viendo que ese tiempo no llegaba, que no cambiaba mi actitud, que lo que llegaban eran cosas muy diferentes a sus expectativas”.

“Mi madre no entendía por qué me comportaba como lo hacía, por qué vestía de forma tan radical. Y ha vivido todo eso pensando que cambiaría. Poco a poco ha ido dándose cuenta de que todo eso forma parte de lo que conoce la gente de mí, que es algo consolidado, y tanto ella como mi padre inician entonces una transición mental suave hacia la aceptación”.

Era la edad del despertar, de salir de noche, en un Madrid vibrante sacudido por el brillo de la Movida. Izaskun tuvo que pelear para salir de noche, esa noche, esa vida noctura de Madrid que, en sus propias palabras, “ha marcado a fuego a la generación a la que pertenezco”.

“Salías de noche y te encontrabas, no sé, a los hermanos Almodóvar o a David Delfín, a gente que luego me he ido encontrando en diversos ambientes. Éramos todos muy libres aunque pensáramos de forma distinta.  Eran esas conversaciones eternas de la noche madrileña con personas de diferentes carreras. De día estabas en tu carrera, en una casilla y durante la noche era donde aparecía esa mezcla inesperada”.